sonria, mañana puede ser peor

viernes, 13 de agosto de 2010

Parábola de la piedra

Se cuenta acerca de cierta época en un pueblo en el que había un anciano adivino llamado Simón. También suele decir la leyenda que este adivino se decía el más protector del pueblo. Todos allí le veneraban a causa de sus visiones y sabiduría para el bien y mejora de todo el pueblo. Se cuenta que cierto día se encontró con una joven llamada Tábila. Los que saben la leyenda narran que al encontrarse tuvieron esta conversación.
-Tábila- Maestro Simón, dicen en el pueblo que eres un gran adivino y que tienes mucha sabiduría.
-Simón- Sí, cierto es que lo he demostrado en muchas ocasiones, cuando se me ha venido a consultar sobre las decisiones que se deben tomar en situaciones difíciles, con relación a las cosas que son mejores para el pueblo y también sobre las visiones que tengo del futuro.
-Tábila- También dicen querido Simón que en muchas ocasiones a causa de tu gran sabiduría has aconsejado a la juventud de preocuparse por los temas concernientes a nuestro presente, a cómo debemos, sin perder el rumbo ni vagar mucho en algo irresoluble o que parezca infinito, podemos hacer mejor nuestro pueblo y nuestras vidas.
-Simón- Joven, todos tenemos que morir, el mejor servicio que podemos entregarle a nuestros padres y nuestra aldea es dejar de pensar en las cosas abstractas que no nos ayudan a resolver los problemas, no debemos preocuparnos de cosas que no nos llevan a ningún resultado, o que en el caso de que nos lleve a alguno su utilidad no quede clara.
-Tábila- Maestro, dicen que tuvo Ud. una visión hace algún tiempo acerca del futuro de nuestro pueblo. En concreto acerca de una batalla en la que se verá inmersa nuestra aldea, me cuentan los que oyeron la noticia que también Ud. no solo fue capaz de predecir la batalla a causa de su don, sino que fue más allá de ello y por su saber dijo cómo debemos irnos preparando desde ahora para enfrentarla, ¿Puede hablarme de ello?
-Simón- Sí, tuve una visión en la que vi a nuestro pueblo, nuestra madre aldea, envuelta en llamas, hombres a caballo con lanzas venían, arqueros desde la otra orilla del río disparaban flechas envueltas en fuego. Pude ver como éramos aplastados.
-Tábila- ¿Y qué cosas propuso Ud. para prepararnos?
-Simón- Es necesario construir unas murallas y torres que nos permitan defendernos, y en general ir armando al pueblo para cuando llegue el momento indicado.
-Tábila- ¿Pudo Ud. saber para en que tiempo será la batalla?
-Simón- No joven, en mis visiones solo veo el suceso, no soy capaz de ver ni el tiempo ni a qué conduce.
-Tábila- Entonces, maestro Simón, al igual que las cosas abstractas y carentes de resultado, o lo que es lo mismo, imposibilidad de saber su utilidad en caso de que tenga resultado, al igual que ellas maestro Simón es su visión.
-Simón- ¡Pero qué dices!
-Tábila- Permítame maestro decir el porqué. ¿Es cierto que dicha muralla, torres y armamentos dificultan otras cosas que nos son más inmediatas?
-Simón- Como cuáles.
-Tábila- Maestro, piénselo, construir una muralla requerirá a todos los hombres que tenemos disponibles en nuestra madre aldea y les será por ese mismo hecho imposible cazar las bestias para alimentarnos. Las mujeres, también siendo requeridas para otras labores relacionadas con el procesamiento de la madera para la muralla no podrán ocuparse de cocinar para toda la aldea, tanto para los hombres que están en su construcción como para ellas mismas.
Por otra parte, armarnos como propone Ud. sabio Simón llevaría a algo parecido a lo anterior.
De manera maestro que en vez de estar preocupados como propone Ud. por las cosas que más útiles nos sean ya que todos debemos morir estaríamos ocupados en cosas abstractas que podrían no producir ningún resultado en caso de que lo que Ud. vio no llegue a ocurrir o de igual manera ocupados en cosas que no producen un resultado claro ya que tampoco sabemos si las precauciones dispuestas por Ud. nos lleguen a salvar.

Cuenta la leyenda que aquél día el adivino Simón volvió a su refugio en el bosque y sentándose en una piedra que allí había le dijo a sus seguidores.

Esta joven, que por desgracia no pregunté su nombre, me ha hecho ver algo que jamás yo mismo hubiera sido capaz de ver, ni Uds. enseñarme por asentir en mis ideas.
Yo siempre hablo de preocuparnos por las cosas que tienen resultado y son prácticas, sin embargo, también hablo, a causa de esta visión, de que estemos inmersos en el futuro y algo que si bien puede ser mañana puede ser en un tiempo muy lejano, o bien no llegar a ser.
¿Debería entonces decirle a los jóvenes que se no se preocupen en cosas abstractas e infinitas dada nuestra muerte inminente cuando yo estoy inmerso más que todos ellos en el futuro y en las cosas abstractas?

----luis miguel del bahía.----

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