Estaba María en un juzgado y el juez le pregunta:
-María, me han dicho que usted mató a su esposo.
Y María le responde:
-Yo no lo maté, le voy a contar lo que pasó:
"Yo estaba lavando cuando el va y me empieza a tirar agua, y me dice:
-¡Cómo que te llueve!, yo no dije nada.
Luego me tira piedras y me dice:
-¡Cómo que te graniza!, yo tampoco respondí nada. Después el cogió un látigo y me empezó a dar, y me dice: -¡Cómo que te relampaguea!.
Entonces ya me dio rabia, cogí un machete
y le di un solo golpe diciéndole:
-Como que te parte un rayo."
Estaban dos hombres en el cielo y uno le pregunta al otro:
-¿Y tu de qué moriste?
-Congelado, ¿Y tú?
-De la risa.
-¿Cómo que de la risa?
-Sí, es que yo pensaba que mi esposa me estaba engañando con otro hombre, entonces un día le dije que iba a salir por 2 días, pero cuando me fui, regresé ese mismo día para ver si la atrapaba con el otro hombre. Cuando llegué, busqué por toda la casa y no encontré a ningún hombre. Dándome cuenta del error que había cometido empecé a reír y reír hasta que morí.
-¡Bruto, si hubieras buscado en el congelador,
nos hubiéramos salvado los dos!
Una pareja discutía, y el marido dice:
-¡Es que tu madre tiene la culpa de todo!
La esposa responde:
-Sí, ya sé que tu no quieres a mi madre.
-¿Quién dice que no quiero a tu madre?, si yo la quiero igual que a la cerveza.
La mujer, conocedora de la pasión de su marido por la cerveza, le dice con tono de interrogación:
-¿Tu quieres a mi madre igual que a la cerveza?
-Sí, quiero a tu madre como a la cerveza, porque la quiero fría, con la boca abierta y echando espuma.